La vida transcurre a un ritmo vertiginoso en pleno siglo XXI. Son cotidianos los comentarios de quienes argumentan que el tiempo les resulta insuficiente para atender responsabilidades y compromisos que al parecer, se multiplican cada vez más. Sin embargo, es necesario hacer una pausa ocasionalmente, para reflexionar en aquello que es en verdad importante; hacer a un lado tantas prisas, pensar en calma y en seguida retomar el camino.

Los adultos mayores ofrecen acerca de esto un buen ejemplo. Ellos, que construyeron vidas, personas y conceptos mediante años de valiosa experiencia, no pueden quedar en el olvido por quienes en el presente caminan invariablemente hacia un destino semejante y además, están en capacidad de tomar decisiones que generen un impacto positivo en términos de calidad de vida, para las personas de más edad de hoy y del mañana.

En esta época, en la cual la expectativa de acceso a una pensión decorosa se vuelve una imagen difusa en el panorama a largo plazo, no hay lugar para perder de esperanza. Lo apropiado es pasar a la acción, con el objeto de mejorar las condiciones de vida del hombre y la mujer mayores, haciendo lo que cada cual tenga a su alcance.

Mientras los cambios estructurales llegan, o se toman las decisiones macro, al interior de cada hogar y en cada espacio y oportunidad de interacción social o comunitaria, es posible ofrecer, con sinceridad, sencillos detalles de dignidad, protección y respeto.

De otra parte, mientras consolidan su efecto las normas más recientes, -en cuya ideación y trámite tuvimos participación-, mediante las cuales se procura mejorar la seguridad y el entorno de la persona mayor, es pertinente socializar y obtener el consenso suficiente acerca de cuán importante es, por ejemplo, fortalecer la Política Nacional de Envejecimiento y Vejez, junto con la puesta en marcha de una estrategia que procure el aprovechamiento integral de su tiempo libre, y al mismo tiempo considere factores básicos como la recuperación de la unidad familiar, y la valoración de la experiencia y el conocimiento del Adulto Mayor.

Situaciones lamentables entre las cuales se cuentan, por ejemplo, el abandono, la violencia, o maltrato infrafamiliar, deben quedar en el pasado. Ningún miembro de la familia, incluidos los mayores, las debe padecer; y cuando su entorno no pueda proveer el cuidado, el Estado debe activar la Ruta de Atención Inmediata.

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