Este 26 de julio se cumplen diecisiete años del reconocimiento oficial de MIRA en el terreno político. Una resolución de la autoridad electoral en el año 2000 avaló las firmas reunidas en respaldo de la solicitud de personería jurídica. El apoyo de más de 51.000 ciudadanos permitió dar cumplimiento al requisito normativo de aquel entonces.

Si bien es cierto que los antecedentes de trabajo social y servicio comunitario encuentran sus raíces a mediados de la segunda mitad del siglo XX, sólo al principio del XXI fueron abiertas las puertas para la acción directa en el campo político, la participación democrática organizada y las aspiraciones territoriales y nacionales en los diversos escenarios del poder público, en especial aquellos de elección popular.

Como es natural, los comienzos estuvieron acompañados de experiencias y claro, hay que decirlo, más de un sacrificio. Sin embargo, a estas alturas, diecisiete años después, todo se ha convertido en anécdotas y lecciones que atesoramos, apreciando de ellas lo mejor y sobre todo, poniendo en práctica sus enseñanzas que siempre nos recuerdan cómo hasta el detalle más pequeño, ha sido transformado para bien.

Los valores y principios presentes desde el inicio, se expresan cada día en términos concretos por medio de propuestas serias, trabajo sólido y conducta coherente. La gestión del Partido ha estado a favor de quien lo necesite, con Independencia, en representación de la sociedad y de cada uno de los sectores y poblaciones que la integran.

Esta labor emprendida, de largo aliento por demás, nunca se agotó en un par de elecciones, sino que perdura con acción, proyección y visión de futuro, en toda aspiración a alcanzar el poder público, incidir en él y desde él.

Hoy, los ánimos están renovados, la capacidad se ha multiplicado. Hay aspiración en el alma, acompañada de conocimiento y madurez para hacer más recio, más consistente, el entendimiento. Seguridad y firmeza en las convicciones, son características en cada miraísta.

El próximo año por estos días, serán dieciocho. A esa edad, hombres y mujeres en nuestro país alcanzan la adultez y con ella, plenitud de derechos y obligaciones. Si la comparación fuera aplicable, habría que decir que es el momento de mirar al frente con la responsabilidad que implica lo que está por venir. La alborada está en el horizonte, llama la atención, anuncia el comienzo de muchas cosas, e invita a trabajar con entrega, fuerza y disposición.

Columna publicada en el diario impreso: