Los resultados de la jornada electoral del pasado domingo 27 de mayo, indican con claridad la Colombia que los ciudadanos desean. La gran mayoría; y no me refiero sólo a la candidatura del Doctor Iván Duque, que obtuvo la votación más alta en primera vuelta desde que se adoptó esa figura en nuestro país; quien mostró su deseo que en el futuro inmediato, todos cuenten con un espacio de desarrollo, caminando por el sendero del emprendimiento, la legalidad y la equidad.

El triunfo de la democracia y la participación, que también fue histórica, señalan que el país está por encima del debate tradicional entre derecha e izquierda, lo cual supone, sin lugar a dudas, que la ciudadanía sabe bien que las discusiones que conducen hacia la polarización y el extremismo, poco lugar tienen en estos momentos. Se hacen necesarios el buen juicio, la ecuanimidad, las acciones integradoras que permitan impulsar al país, en lugar de tolerar que desde el gobierno se fomente el estancamiento, o tal vez peor, que se retroceda en términos de desarrollo, inclusión y convivencia con respeto.

De nuestra parte, además, consideramos que la elección presidencial que se avecina, se convierte en una invitación a toda persona a que evalúe el contexto y piense a mediano y largo plazo, por encima de los espejismos de eventuales beneficios inmediatistas y así, elija lo mejor en términos de desarrollo económico y fortalecimiento de la productividad. De esta manera, las acciones que se orientarán desde la Presidencia de la República se traducirán en más oportunidades, generación de empleo en términos de cantidad y calidad y, en términos generales, en bienestar firme y real por todo el territorio nacional.

Confiar exclusivamente en un “juego de palabras”, es insuficiente. Hay que dar el paso hacia realidades concretas. En este momento, tal vez más que en cualquier otro, es indispensable acudir al Realismo Político mediante el cual es posible superar la planeación con la ejecución; los proyectos con la inversión; dejar atrás el difuso “discurso ideologizante”, para decidir con claridad por el país que hoy heredamos y que hacia el futuro nos corresponde cimentar.

Es el momento de sentar las bases, construir y elevar la infraestructura tanto axiológica como material, del desarrollo que marcará el progreso de Colombia, en los años que están por venir.