¿Qué puede pensar un ciudadano cuando el sistema electoral de su país no le ofrece garantías? Cuando menos, desaliento y desconfianza, circunstancias que dan paso al extremismo y al populismo en la sociedad. La legislación está llamada a corregir esas deficiencias, para desarraigar aquello que deforma la democracia. La sentencia del Consejo de Estado que restituyó las curules en el Senado al Partido Político MIRA, está en esa vía. La decisión beneficia a todos los colombianos, porque establece precedentes sobre la conformación y el ejercicio del poder público en Colombia.

Como quiera que el proceso que “convierte” los votos en curules aún es imperfecto, – las fallas, reclamaciones, denuncias, impugnaciones o tutelas que abundan por estos días lo demuestran una vez más-, aumenta la inseguridad. No hay certeza sobre los resultados alcanzados en las urnas.

Por fortuna, es una situación que se puede remediar. Para ello es necesario el respaldo del Congreso de la República a una Reforma Electoral sobre los procedimientos. Entre los puntos de esta reforma que requiere el apoyo de todos, está la custodia del material electoral. Es una sorpresa ingrata que en cada elección haya problemas de esta clase: “Tarjetones”, actas, formularios y otros documentos electorales se extravían o sufren adulteraciones. Esto no debería suceder de nuevo.

También, se propone la carrera electoral. Jueces, funcionarios y demás personas que intervienen en el proceso, recibirán formación especializada para atender los escrutinios de la mejor manera posible. Las Comisiones Escrutadoras por su parte, funcionarían en los mismos puestos de votación, evitando así el transporte de los documentos electorales, cuestión que siempre trae complicaciones, y en algunos casos, fraude. A favor de la transparencia, la tecnología permitirá verificar el trabajo de los jurados en la mesa de votación y proyectar la cuenta de los votos, con veeduría garantizada para los testigos electorales.

Por último, resulta esencial que el software de elecciones sea público y que el Estado conozca su funcionamiento. Hoy, el sistema que contabiliza los votos es privado y no se conoce su operación. Es lamentable que, como se probó ante el Consejo de Estado, antes de empezar las elecciones ya existieran datos cargados, además de los ingresos y modificaciones sin autorización, que hubo durante los escrutinios.

Se trata entonces, de una reforma necesaria y posible. Una nueva democracia depende de cómo la construyamos nosotros, comenzando por el sistema electoral.