El pasado 18 de diciembre tuvo lugar el Día Internacional del Migrante, fecha que la Organización de las Naciones Unidas destaca desde el año 2000. Su principal preocupación, como ella misma lo señala, radica en “el número elevado y cada vez mayor de emigrantes que existe en el mundo” y ”el creciente interés de la Comunidad Internacional en proteger efectiva y plenamente los derechos humanos de todos los migrantes”. Además, acerca de ellos hace énfasis en “la necesidad de seguir tratando de asegurar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

La trascendencia del hecho migratorio reclama la atención de personas e instituciones en el mundo entero. En virtud de las actuales circunstancias, la globalización, los avances tecnológicos y demás factores  conexos, la realidad de hombres, mujeres y niños, que cruzan fronteras en la búsqueda de condiciones de vida diferentes, adquiere dimensiones inocultables; por lo tanto, la respuesta y las soluciones no pueden ser menores.

El 2018, que próximo está a comenzar, será un año de definiciones que cobijan esta situación internacional. Se espera, cuando menos, la suscripción de dos compromisos multilaterales: “Uno sobre refugiados y otro sobre la migración organizada, regular y en condiciones de seguridad”, según Naciones Unidas.

En efecto, percibir la migración como derecho y que los estados involucrados en el proceso se comprometan con mayor rigor para garantizarlo, obtiene cada día con más fuerza, visos claros de un riguroso imperativo internacional. Cuando no sucede de esta forma, que ha sido la tendencia predominante durante mucho tiempo, se presentan múltiples problemas que agravan la situación del migrante: Desarticulación familiar, inestabilidad, situación de ilegalidad, son algunos ejemplos.

Respecto del colombiano migrante hemos dicho que debe ser atendido, para que pueda conservar los vínculos con su tierra, y encontrar apoyo para superar dificultades en sus lugares de residencia, permanencia, o asilo. Consideramos que las expectativas de acceso a pensión digna, vivienda propia en Colombia, en especial para las mujeres cabeza de familia y mujeres con padres adultos mayores en nuestro país; y participación en la toma de decisiones estructurales de la patria, como mínimo, se deben asegurar a su favor.

Otro tanto hay que decir acerca de la creación de la Política Migratoria o la disminución de los costos de trámites para los colombianos en el exterior, que son propósitos en los que trabajamos constantemente desde hace mucho tiempo, y en los que persistiremos con determinación en lo porvenir.

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